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Disidentes liberados: ¿Quién presiona a quien?

Germán Piniella
Progreso Semanal


Con la concesión de “licencia extrapenal” –una especie de libertad condicional– a cinco opositores que cumplían condena de prisión, el gobierno cubano sorprendió a la opinión pública internacional, a gobiernos extranjeros y a los propios detenidos. Previamente, junto a otros 15 presos que fueron trasladados a La Habana desde cárceles del interior del país, habían recibido exámenes médicos en el Hospital Militar Carlos J. Finlay.

Todos ellos forman parte del grupo de 75 disidentes detenidos en marzo de 2003 y juzgados por colaborar con el gobierno de EEUU en los intentos norteamericanos por derrocar al gobierno revolucionario de Fidel Castro. Con la liberación de esos cinco detenidos, suman ya 12 los que el gobierno cubano ha puesto en libertad en los últimos meses, pero fuentes de la disidencia interna, así como familiares de los presos, presumen que otros serían excarcelados próximamente.

La noticia ha despertado comentarios diversos, desde considerar el hecho como un gesto de buena voluntad de Cuba hacia la Unión Europea, hasta asegurar que el Presidente Fidel Castro ha cedido a las presiones de gobiernos extranjeros, organizaciones internacionales e instituciones gremiales.

Observadores del panorama político cubano comentan que la liberación de Raúl Rivero, el más promovido de los 75 disidentes en el exterior, fue decidida por el gobierno cubano a partir de la petición del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y discutida por las delegaciones de Cuba y España en la reciente Cumbre Iberoamericana celebrada en Costa Rica a mediados del mes de noviembre. Los mismos observadores aseguran que para no centrar la atención en Rivero, Cuba lo incluyó en el grupo de encarcelados que serían dejados en libertad por problemas de salud, la misma razón por las que liberó anteriormente a otros siete.

Sin embargo, a pesar de que el propio Rivero expresó en una entrevista su agradecimiento a España por sus gestiones, autoridades norteamericanas atribuyeron la liberación de los disidentes cubanos a la presión internacional y negaron que hubiera sido consecuencia de las diligencias del gobierno español.

Según Europa Press, el vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher, declaró que no podía considerar “esta decisión cubana como el resultado de alguna nación en concreto, una reunión cercana o algo por el estilo”.

Pero más que hacer una valoración equivocada, con estas palabras Estados Unidos trata de restar protagonismo a España, que una vez más se distancia de la política norteamericana. El enfoque de Washington pone en evidencia su temor de un ablandamiento de las posiciones de la UE hacia Cuba, situación que se viene anunciando desde hace un par de meses.

El pasado 12 de octubre, fecha de la llegada de Cristóbal Colón a América y que España celebra como Día de la Hispanidad, el embajador español en La Habana, Carlos López Zaldívar, dio el primer indicio de la intención de cambio de su gobierno. Ante los invitados a la recepción, entre los que se encontraban numerosos opositores al gobierno cubano, anunció que su país estaba reconsiderando la política hacia Cuba. Varios de los disidentes invitados se marcharon en señal de protesta por las palabras del embajador.

Pero habría pasos adicionales, ya que la actual política es una conducta común de la UE, por lo que España ha llevado la discusión de un cambio de actitud al seno de la Unión.

En 2003, un tribunal cubano juzgó y condenó a prisión a 75 disidentes. Paralelamente, fueron ejecutados tres secuestradores de una embarcación que tomaron como rehenes y amenazaron de muerte a decenas de pasajeros. Ese mismo año, a instancias del entonces presidente del gobierno español, José María Aznar, los países de la UE, como reacción a las medidas judiciales cubanas, acordaron un paquete de medidas aún vigentes –congelamiento del diálogo político, reducción de visitas de altos funcionarios europeos a la isla, suspensión de la ayuda a proyectos culturales y sociales. Al mismo tiempo, decidían invitar a opositores a recepciones y actos en sus sedes diplomáticas en La Habana. El gobierno de Aznar daba otro paso en su “relación carnal” con EEUU al liderar una versión europea de la política norteamericana hacia Cuba.

Con esa posición la UE no sólo desconocía las razones de La Habana para defenderse de lo que considera las agresiones de una potencia extranjera, apoyadas en ciudadanos cubanos que los tribunales de Cuba juzgaron y condenaron por colaborar con la política ilegal de EEUU, sino que de hecho se sumaba al bloqueo político y económico que Estados Unidos ejerce contra la isla desde hace 45 años.

Fuentes cubanas consideran que aunque las medidas políticas de la UE son inamistosas no hubieran sido suficientes para una reacción como la que tuvo La Habana. Pero recibir en sus sedes diplomáticas y anunciar un apoyo político a quienes Cuba califica de confabulados con un gobierno extranjero, fue percibido no sólo como acto inamistoso, sino como injerencia en los asuntos internos de la isla. No es de extrañar que el gobierno cubano tomara represalias.

En respuesta, La Habana decidió no solo que sus funcionarios de cualquier nivel no asistieran a las celebraciones diplomáticas de la UE, sino que cerró el grifo a todo tipo de contacto con los diplomáticos y las sedes europeos.

Ahora el nuevo gobierno de España, que dio un paso de política independiente al retirar sus tropas de Irak y anunciar su vocación europea y de puente hacia Latinoamérica, reafirma su plataforma con la nueva actitud hacia Cuba. Lo que expresaba el embajador López en La Habana era que dicha política de la UE impedía los objetivos de liberalización y las flexibilidades que tanto España como la UE pretenden de la parte cubana. Esta posición tiene un fuerte asidero en la realidad

Según un diplomático europeo, la respuesta cubana hizo que “el más simple contratiempo o problema que confrontemos, de cualquier índole, debemos resolverlo sin la asistencia de la cancillería”. Y agregaba que como “las funciones propias nuestras son las relaciones y los contactos…el gobierno (cubano) nos dejó frente a un espejo en el que solo cabemos nosotros y nuestros iguales”.

Para romper ese espejo, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decidió replantear a nivel de la UE el enfoque sobre Cuba, heredado del gobierno de Aznar, que ideologizó las relaciones. Aznar, mediante presión, exigía que “Castro mueva ficha”. Ahora La Habana las mueve, libera prisioneros y sin presión –al igual que los anteriores. Solo ha bastado que España, sin negar los objetivos propuestos con relación a Cuba y que han sido reiterados por Zapatero, anunciara un replanteo que ha llevado al seno de la UE, donde ha encontrado una coincidencia esencial: la política vigente ha sido ineficaz y contraproducente.

Como respuesta a esa decisión, el gobierno cubano restableció la pasada semana plenos contactos con la sede española y ha iniciado la liberación de prisioneros, sin que aún haya habido modificación de la política común europea. ¿A quién le toca el próximo paso?

Germán Piniella es un escritor cubano y Editor Asistente de Progreso Semanal.

germán@progresoweekly.com
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